Felipe Sánchez ist nach 100 Tagen Haft am 6.3.2007 auf Kaution frei gekommen. Damit ist ein wichtiger Meilenstein erreicht, der Spuk aber noch nicht vorüber, da vor Gericht seine Unschuld noch bewießen werden muß.
TESTIMONIO DE FELIPE - CASTELLANO
Mi nombre es Felipe Sánchez Rodríguez, tengo 44 años de edad, soy Puericultor de profesión, titulado en la ciudad de Munich Alemania en junio de 1991. Desde hace 13 años trabajo en un proyecto educativo ubicado en la calle 10 de marzo # 122, sector 5, en la colonia Lomas de San Jacinto, el cual se denomina “Centro de Apoyo para la educación y la creatividad Calpulli A.C.”
Actualmente me encuentro recluido en el penal de Tanibet, Tlacolula, Oaxaca acusado por el gobierno de esta entidad federativa de los siguientes delitos: asociación delictuosa, sedición y daños en propiedad ajena. Dicha acusación se basa en un informe que rindió la Policía Federal Preventiva (PFP) después de un operativo del día 25 de Noviembre de 2006.
Cómo sucedieron los hechos: Ese día sábado del 2006, como todos los días, empecé con mis labores domesticas mientras que escuchaba las noticias en la estación “Radio Hit” “La que buena”. Fue a través de este medio que me recordé que ese día se iba a realizar una marcha pacífica, ya que un día antes (24/11/06) el periódico “Noticias” lo había publicado al pie de una de sus paginas interiores. La convocatoria citaba a las 11 de la mañana a reunirse frente a la casa de gobierno ubicada en Santa María Coyotepec. Tenía varias cosas que hacer: llevar mi ropa a la lavandería y depositar una cantidad de dinero que donaron unas personas para beneficio de mi trabajo. Después de llevar la ropa a la lavandería me encamine a una de las sucursales del banco Banamex en el Centro Histórico pero como se encontraban cerradas, a través de un letrero se indicaban cuales se encontraban abiertas así que me dirigí hacia la sucursal de Periférico donde pude hacer el deposito alrededor de la 1:45 de la tarde. Acto seguido tome un taxi y me dirigí hacia el rumbo donde venía la marcha vejándome en el crucero del aeropuerto. Cuando los demonstrantes llegaron a ese punto donde yo estaba esperando vi desfilar delante de mi a los marchistas para ver en que contingente me podría yo integrar, como no vi a ningún conocido o compañero de otras organizaciones decidí integrarme atrás del contingente de mujeres y así desde ese lugar y hasta el crucero de Símbolos Patrios esquina con Periférico, marche detrás de ellas, en forma silenciosa ya que las consignas que ellas coreaban no las conocía. Al comenzar el Periférico la secuencia que traía la marcha se descompuso por lo angosto de la calle (de Fiallo) que va hacia el centro de la ciudad, por tal motivo se revolvió el contingente a la altura de donde yo iba. Al llegar a la esquina de Fiallo y Arteaga encontré a Edgar Alejandro Molina Cuevas a quien ya tenía algún tiempo que no veía. Edgar se integró al contingente y platicando caminamos hasta el final de la marcha, en el jardín “Labastida”. Serían alrededor de las 16:30 cuando Edgar Alejandro y yo nos dirigimos al mercado “20 de Noviembre” donde satisficimos nuestro apetito en uno de los locales donde se asan carnes. Después de por lo menos una hora salimos del mercado “20 de Noviembre” y nos dirigimos caminando a la casa de Edgar Alejandro, la cual se ubica en la calle de Xicotencatl # 19, Centro, Oaxaca. Ahí permanecimos por espacio de media hora conversando con los integrantes de su familia quienes en esos momentos estaban terminando de comer. Después de tomarme un ponche salimos Alejandro y yo con rumbo a la terminal de autobuses de primera clase ADO con el objetivo de comprar un boleto con destino a Zintalapa, Chiapas a donde tendría yo que asistir a una reunión de una red la cual se denomina “Grupo de Trabajo sobre la Infancia, Educación y Educación Indígena” Al salir de la casa de mi amigo Edgar empezamos a caminar por la calle de Xicotencatl, la cual después de unas cuadras pasa a ser la calle de Pino Suárez, seguimos caminando y después de pasar por el parque “El Llano”, exactamente atrás de la Iglesia de Guadalupe nos interceptó un grupo de hombres vestidos de civil quienes iban a bordo de una camioneta blanca sin placas, de la cual se bajaron varios de los tripulantes, y uno de ellos sacó una pistola, cortó cartucho y me golpeó en la cien con el cañon del arma; agarrándome del cabello y golpeándome en diferentes partes del cuerpo me subió a la batea de la camioneta. No supe a donde nos conducieron ya que teníamos que ir acostados y nuestros captores iban sentados sobre nosotros, nos iban pisando las extremidades. A mi me pisaron los dedos de las manos y por el dolor me iba yo quejando a lo cual me ordenaron que no me moviera y que dejara de hacer ruido. Después de circular por las calles de la ciudad, el vehículo llego a un lugar el cual estaba a oscuras. Se me bajo de la camioneta obligándome a mantener la cabeza agachada y no levantar la mirada para nada. Como tenía el pelo largo (hasta media espalda) fui agarrado del cabello y la ropa y conducido a través de los vehículos que se encontraban estacionados en el patio. Con las manos me cubrí la cabeza lo cual me protegió en repetidas ocasiones para no lastimarme, ya que intencionalmente trataban de que chocara yo contra los vehículos estacionados. A llegar a un cuarto me soltaron y me ordenaron mantener los ojos cerrados y de despojarme de mis pertenencias personales como son: la cartera, el cinturón y las agujetas. También me quitaron los lentes y las llaves de mi domicilio. En la cartera tenia yo la cantidad de $780. Al revisar el morral que llevaba yo colgado en el pecho encontraron en su interior una revista de análisis, copias de un libro, el periódico “Noticias” del día y mi agenda. Mientras me quitaba la ropa (a excepto de la trusa) iniciaron con el interrogatorio de mis datos personales, nombre, dirección, lugar de origen, lugar de trabajo, pero sobretodo pusieron especial énfasis en saber si conocía a algún “pez gordo” (dirigente) de la APPO.
Acto seguido me vendaron los ojos con cinta masquin y volvieron a repetir las preguntas sobre mis datos personales un par de veces mas. Nuevamente me volvieron a preguntar si conocía a dirigentes de la APPO, pero en esta ocasión me aplicaron toques en la nariz lo que sentí insoportable. Grité, lloré y le suplique que ya no lo hicieran. Vehementemente les dije que no conocía a ningún dirigente de la APPO y que ninguno de ellos era mi jefe, como ellos lo afirmaban.
En una ocasión abrí mis ojos llorosos y logré ver frente a mí a una persona un poco mas alta que yo de ojos rasgados. Fue todo lo que pude ver de el ya que tenía el rostro cubierto con un pasamontañas. Cuando se cercioraron que no sabía nada de importancia para ellos me ordenaron, así en calzoncillos como estaba a acostarme boca abajo sobre el piso de cemento. En esa posición me amarraron las manos hacia atrás y con un lazo delgado me atoraron los dedos pulgares amenazándome que me los iban a cortar. En ese momento creí que si lo iban a hacer y nuevamente les suplique que no lo hicieran.
Desconozco cual fue la razón por la cual me ordenaron que me vistiera y cuando estuve listo me permitieron sentarme en el suelo recargado en la pared, con las piernas recogidas, los brazos sobre de ellas y la cabeza entre las rodillas. Se oían pasos que entraban y salían del lugar donde me encontraba y después un silencio. En esa posición estuve un buen rato hasta que el dolor en los glúteos fue insoportable y tuve que moverme. Al hacerlo una voz fuerte me ordenó no hacerlo. En ese momento me di cuenta que no estaba solo, que alguien nos estaba vigilando. Las próximas veces cuando volví a moverme recibí golpes en la cabeza, costados y piernas. Sentí un gran alivio cuando me ordenó alguien que cambiara de posición y que me pusiera de rodillas de cara a la pared. Pero después de un buen rato esta posición se volvió nuevamente insoportable y al moverme los golpes se volvían a repetir, para después quedar todo en silencio. No se cuanto tiempo pasó hasta que llego alguien quien me ordeno ponerme de pie y junto con mi amigo Alejandro fui sacado del lugar. Nuevamente me condujeron entre vehículos estacionados hasta llegar a una camioneta donde nos subieron a nosotros dos y minutos mas tarde a otros detenidos mas.
Dos custodios iban con nosotros y en sus platicas comentaban que nos iban a violar. El viaje no duró mucho tiempo y nuevamente tuvimos que bajarnos de forma apresurada caminando algunos metros en forma agachada hasta que recibimos la orden de detenernos y ponernos de rodillas en el suelo y sin hacer ruido. Por lo que se oía parecía que estábamos a la orilla de una carretera ya que de vez en cuando se escuchaba pasar el motor de un carro. Yo creía que nos habían sacado para ejecutarnos. Me imaginaba que en cualquier momento escucharía un disparo e imaginaba ver como uno de los cuerpos de nosotros dos caía pesadamente sobre el piso y enseguida el otro lo que por ratos me causaba un miedo espantoso.
Así hincados como estábamos nos preguntaron nuestros nombres lo cual me alegro al escuchar que se encontraban mas personas con nosotros y sentí un gran alivio cuando tuve que decir mi nombre el cual grité para que escucharan los demás para que en caso de que me quisieran desaparecer alguien supiera que había sido apresado.
Después con lujo de violencia y levantándonos nos subieron a la batea de otra camioneta. En esta ocasión éramos un numero mas grande ya que los cuerpos se hacinaban los unos sobre los otros. Nuevamente algunas personas nos fueron cuestionando, pero en esta ocasión uno de ellos me puso una bota sobre la cara, pisoteándome la oreja y mejilla derecha. El dolor era intenso y si trataba de moverme me apretaba el mas con la bota.
En esa posición me transportaron durante alrededor de una hora hasta llegar a donde mas tarde sabría que era el reclusorio Tanivet en Tlacolula, Oaxaca. Cuando por fin llegamos a nuestro “destino” nos bajaron de las camionetas donde perdí un tenis y nuevamente nos obligaron a ponernos de rodillas. En esa posición nos hicieron avanzar algunos metros y después conforme fueron mencionando nuestros nombres nos pusimos de pie y nos formaron. Yo todavía me encontraba con los ojos vendados. Cuando tocó mi turno empecé a avanzar y de repente sentí que una mano me arrancaba la venda de los ojos. Lo primero que vi fue los reflectores y una fila de personas con uniforme azul. A empujones, golpes, burlas y amenazas avance entre ellos para que al final de la valla fuera agarrado de los brazos los cuales tenia amarrados hacia atrás y fui conducido al interior de este penal.
En este mes y quince días que llevo detenido y en este tiempo fui trasladado con otros 141 presos mas al CEFERESO Num 4 de Tepic Nayarit en donde desde el traslado, el ingreso y la estancia mis derechos individuales que me otorga la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, no han sido respetados.
Por todo lo antes mencionado exijo que sea liberado inmediatamente y sin ninguna condición pues soy una persona inocente.
Atentamente
TESTINOMIO DE FELIPE EN ALEMAN
Ich heiße Felipe Sánchez Rodríguez und bin 44 Jahr alt. Ich bin gelernter Kinderpfleger. Die Ausbildung habe ich im Juni 1991 in München, Deutschland abgeschlossen. Ich arbeite seit 13 Jahren im Bildungsprojekt „Centro
de Apoyo para la educación y la creatividad Calpulli A.C.” im Stadtviertel Lomas de San Jacinto, Strasse 10 de marzo Nr. 122, Sector 5.
Im Moment bin ich in der Haftanstalt von Tanibet, Tlacolula, Oaxaca inhaftiert. Die Regierung dieses Staates klagt mich der folgenden Verbrechen an: verbotene Vereinigung, Aufstand und Beschädigung fremden Eigentums. Diese Anschuldigungen basieren auf einem Bericht der Policía Federal Preventiva (PFP), den diese nach einer Operation am 25 November 2006 verfasste.
Was geschah: An besagtem Samstag des Jahres 2006 begann ich wie jeden Tag mit meinen Hausarbeiten, während ich die Nachrichten im Radiosender „Radio Hit“ „La que buena“ anhörte. Durch dieses Medium erinnerte ich mich, dass an diesem Tag ein friedlicher Marsch stattfinden sollte, denn schon am Vortag (24.11.06) wurde dieser in der Tageszeitung „Noticias“ auf einer der inneren Seiten angekündigt. Der Aufruf forderte dazu auf, sich um 11 Uhr morgens vor dem Regierungssitz in Santa María Coyotepec zu versammeln.
Ich hatte noch einige Dinge zu erledigen: meine Wäsche in die Wäscherei bringen und eine Geldsumme zur Bank bringen, die einige Personen zur Unterstützung meiner Arbeit gespendet haben. Nachdem ich meine Wäsche zur Wäscherei gebracht hatte, ging ich zu einer Bankfiliale von Banamex in der Altstadt, aber sie war geschlossen. Ein Schild verwies auf die offenen Filialen und daher ging ich zur Filiale Periférico, wo ich gegen 1.45 Uhr nachmittags die Einzahlung machen konnte.
Als nächstes nahm ich ein Taxi und fuhr dorthin, wo der Marsch verlaufen sollte. An der Kreuzung beim Flughafen stieg ich aus. Als die Demonstranten den Punkt erreicht hatten, an dem ich wartete, liess ich sie an mir vorbeimarschieren, um zu sehen, in welches Kontingent ich mich einordnen könnte. Da ich keinen Bekannten oder Kollegen aus einer anderen Organisation sah, entschloss ich mich, mich in das Frauenkontingent zu integrieren. Von diesem Ort marschierte ich still bis zur Kreuzung Simbolos Patrios und Periférico hinter ihnen, da ich die Parolen, die sie begeistert riefen, nicht kannte. Am Beginn des Periférico begann sich die Marschfolge aufzulösen, da die Strasse (Fiallo), die ins Zentrum führt, sehr eng ist. Deshalb kam das Kontingent auf der Höhe wo ich lief durcheinander.
Als ich an die Ecke Fiallo und Arteaga kam, traf ich Edgar Alejandro Molina Cuevas, den ich schon eine Zeit lang nicht mehr gesehen hatte. Edgar reihte sich in das Kontingent ein, und uns unterhaltend liefen wir bis zum Endpunk des Marsches, dem Park „Labastida“. Es dürfte ungefähr 16.30 Uhr gewesen sein, als Edgar Alejandro und ich zum Markt „20 de noviembre“ gingen, wo wir unseren Hunger in ein einem der Lokale stillten, in dem Fleisch gegrillt wird.
Nach mindestens einer Stunde verließen wir den Markt „20 de noviembre“ und gingen zu Edgar Alejandros’ Haus, das sich in der Strasse Xicotenactl Nr. 19, Zentrum, Oaxaca befindet. Dort blieben wir eine halbe Stunde, und unterhielten uns mit seinen Familienangehörigen, die gerade ihr Essen beendeten. Nachdem ich eine Bowle getrunken hatte, gingen Alejandro und ich Richtung Erster Klasse-Busbahnhof ADO in der Absicht ein Ticket nach Zintalapa, Chiapas zu kaufen, wo ich an einer Versammlung des Netzwerks „Grupo de Trabajo sobre la Infancia, Educación y Educación Indígena“ teilnehmen sollte. Als wir das Haus meines Freundes Edgar veließen, liefen wir die Strasse Xicotencatl entlang, die nach einigen Blocks zur Strasse Pino Suárez wird. Wir gingen weiter und nachdem wir den Park „El Llano“ passiert hatten, genau hinter der Kirche der Guadelupe, stoppte uns eine Gruppe von in Zivil gekleideten Männern, die auf einem weißen Pickup ohne Nummernschild fuhren. Einige von ihnen sprangen vom Wagen und einer von ihnen holte eine Pistole hervor, nahm die Kartusche heraus und schlug mich mit dem Waffenlauf; mich an den Haaren zerrend und auf verschiedene Körperstellen schlagend, brachten sie mich auf die Ladefläche des Pickups.
Ich wusste nicht, wohin sie uns brachten, da wir liegend fahren mussten und unsere Fänger auf uns saßen. Sie traten uns auf die Extremitäten. Mir traten sie auf die Finger und als ich mich wegen des Schmerzes beschwerte befahlen sie mir, mich nicht zu bewegen und keinen Lärm zu machen. Nachdem wir durch die Strassen der Stadt gefahren sind, kam das Auto an einen Ort, der im Dunklen lag. Man holte mich vom Pickup herunter und befahl mir den Kopf weiter gesenkt zu halten und den Blick auf keinen Fall zu heben.
Da ich lange Haare hatte (bis zur Mitte des Rückens), wurde ich an Haaren und Kleidung zwischen den auf dem Hof geparkten Autos hindurch gezerrt. Ich bedeckte mit den Händen meinen Kopf, was mich zum wiederholten Male vor Verletzungen geschützt hat, da sie absichtlich versuchten, mich gegen die geparkten Fahrzeuge zu stoßen. Als wir in ein Zimmer kamen, ließen sie mich los und befahlen mir, die Augen geschlossen zu halten und mich meines persönlichen Eigentums zu entledigen, das da ist: die Brieftasche, der Gürtel und die Turnschuhe. Sie nahmen mir auch die Brille und meine Hausschlüssel weg. In der Brieftasche hatte ich 780 Pesos. Als sie die Tasche untersuchten, den ich vor der Brust trug, fanden sie eine kritische Zeitschrift, Buchkopien, die aktuelle Ausgabe der Tageszeitung „Noticias“ und meinen Kalender. Während sie mir meine Kleidung abnahmen (mit Ausnahme der Unterhose), begannen sie mit der Befragung zu meinen persönlichen Daten, Name, Anschrift, Herkunftsort, Arbeitsstelle, aber vor allem legten sie Wert darauf zu erfahren, ob ich irgendeinen „pez gordo“ (Anführer) der APPO kenne.
Als nächstes verbanden sie mir die Augen mit einem Klebeband und fingen wieder an, mir noch ein paar Mal die Fragen über meine persönlichen Daten zu stellen. Erneut fragten sie mich, ob ich Anführer der APPO kenne, aber diesmal versetzten sie mir Elektroschocks in der Nase, was für mich unerträglich war. Ich schrie, ich weinte und flehte sie an das nicht mehr zu machen. Ich sagte ihnen mit aller Deutlichkeit, dass ich keinen Anführer der APPO kenne und keiner von diesen mein Chef sei, wie sie behaupteten.
Einmal habe ich meine verweinten Augen aufgemacht und konnte vor mir eine Person mit Schlitzaugen sehen, die etwas grösser war als ich. Das war alles, was ich von ihm sehen konnte, weil er das Gesicht mit einer Sturmhaube verdeckt hatte.
Als sie sich überzeugt hatten, dass ich nichts für sie Wichtiges wusste, befahlen sie mir, mich, so in der Unterhose wie ich war, mit dem Gesicht nach unten auf den Betonboden zu legen. In dieser Position banden sie mir die Arme hinter dem Rücken zusammen. Mit einem dünnen Faden banden sie mir die Daumen ab, in der Androhung sie mir abzuschneiden. Ich diesem Moment, glaubte ich, dass sie das tatsächlich tun würden und flehte sie erneut an, es nicht zu tun.
Ich kenne den Grund nicht, warum sie mir befahlen mich anzuziehen. Und als ich fertig war, erlaubten sie mir, mich an die Wand gelehnt auf den Boden zu setzten, mit angezogenen Beinen, die Arme über ihnen und den Kopf zwischen den Knien.
Man hörte Schritte, die hereinkamen und herausgingen aus dem Ort, an dem ich mich befand und danach Stille. In dieser Position war ich eine ganze Weile bis der Schmerz in den Gesäßmuskeln unerträglich wurde und ich mich bewegen musste. Als ich das machte, befahl mir eine laute Stimme, das zu unterlassen. In diesem Moment wurde mir klar, dass ich nicht allein war, dass uns jemand bewachte. Die nächsten Male wurde ich auf den Kopf, in die Seite und auf die Beine geschlagen, wenn ich mich bewegte. Ich war sehr erleichtert, als mir jemand befahl, die Position zu verändern und mich mit dem Gesicht zur Wand hinzuknien. Aber nach einer ganzen Weile wurde auch diese Position unerträglich und als ich mich bewegte, wiederholten sich die Schläge.
Danach war alles still. Ich weiß nicht, wieviel Zeit vergangen ist, bis jemand kam, der mir befahl, mich hinzustellen und zusammen mit meinem Freund Alejandro wurden wir von dem Ort weggebracht. Sie führten mich wieder zwischen den geparkten Fahrzeugen hindurch bis zu einem Pickup, auf den sie uns zwei hinaufschafften und einige Minuten später noch andere Gefangene.
Zwei Bewacher fuhren mit uns, und in ihren Unterhaltungen sagten sie, dass sie uns vergewaltigen würden. Die Fahrt dauerte nicht lange und erneut mussten wir schnell absteigen und einige Meter geduckt laufen, bis wir die Anordnung erhielten, stehen zu bleiben und uns auf den Boden zu knien ohne Lärm zu machen. Nach dem was man hörte, kam es mir so vor, als ob wir am Rand einer Strasse waren, da man ab und an Motorengeräusche vorbeifahrender Autos hören konnte. Ich dachte, sie hätten uns heruntergeholt, um uns zu exekutieren. Ich stellte mir vor, in jedem Moment einen Schuss zu hören und ich stellte mir vor zu sehen, wie der Körper von einem von uns schwer auf den Boden fällt und gleich darauf der andere. Das machte mir eine Weile schreckliche Angst.
So hingekniet wie wir waren, fragten sie uns nach unseren Namen, was mich freute, als ich hörte, dass mehrere Personen mit uns waren. Und ich fühlte eine große Erleichterung, als ich meinen Namen sagen musste, den ich schrie, damit die anderen ihn hören konnten und jemand wusste, dass ich gefangen wurde, falls sie mich verschwinden liessen.
Danach schafften sie uns mit Gewalt und uns hochhebend auf die Ladefläche eines anderen Pickups. Jetzt waren wir eine größere Zahl, weil sich die Körper einen über die anderen schichteten. Wieder fragten uns einige Personen aus, aber dieses mal stellte mir einer von ihnen den Stiefel aufs Gesicht und trat mir auf mein rechtes Ohr und auf die Backe. Der Schmerz war sehr intensiv und als ich versuchte, mich zu bewegen, trat er mit seinem Stiefel noch fester zu.
In dieser Position transportierten sie mich ungefähr eine Stunde lang bis wir, wie ich später wusste, im Gefängnis Tanibet in Tlacolula, Oaxaca ankamen.
Als wir endlich an unserem „Ziel“ angelangt waren, holten sie uns von den Pickups herunter, wobei ich einen Turnschuh verlor, und befahlen uns wieder, uns hinzuknien. In dieser Position zwangen sie uns einige Meter vorwärts. Und nachdem ordnungsgemäß unsere Namen genannt wurden, stellten wir uns hin und formierten uns. Meine Augen waren immer noch verbunden. Als ich an der Reihe war, begann ich vorwärts zu gehen und sofort spürte ich eine Hand, die mir die Binde von Augen riss. Das erste was ich sah ,waren die Reflektoren und eine Reihe von Personen in blauen Uniformen. Unter Stößen, Schlägen, Hänseleien und Drohungen ging ich zwischen ihnen vorwärts. Am Ende der Hürde wurde ich an den Armen gepackt, die nach hinten gebunden waren, und ins Innere des Gefängnisses gebracht.
In diesem Monat und 15 Tagen, die ich eingesperrt bin, wurde ich mit anderen 141 Gefangenen zum CEFERESO Nr.4 von Tepic Nayarit verlegt, wo seit meiner Verlegung, meiner Einlieferung und meines Aufenthalts meine individuellen Rechte, die mir die Politische Verfassung der Vereinigten Mexikanischen Staaten gewährleisten, nicht respektiert wurden.
Wegen all dem oben Erwähnten fordere ich, dass ich unverzüglich und bedingungslos freigelassen werde, da ich unschuldig bin.
Hochachtungsvoll
Hier die Aussage von Felipe auf deutsch und spanisch.
Sowie der offene Brief unseres Kreises an den mexikanischen Botschafter in Berlin.
Tlacolula, Oaxaca, México a 07 de Enero de 2007
Felipe Sánchez Rodríguez
Tlacolula, Oaxaca, México, 07 Januar 2007
Felipe Sánchez Rodríguez
GRACIAS POR SU SOLIDARIDAD Y APOYO.
COMISIÓN DE SEGUIMENTO
Oaxaca de Juárez al 07 de febrero, 2007
Mexikanisch Deutscher Kreis in Bayern e.V.

Offener Brief
An
Herrn
Botschafter der Vereinigten Staaten von Mexiko,
Jorge
Castro-Valle Kuehne
Klingelhöferstr.
3
10785 Berlin
Erdweg, den 17.12.2006
Sehr geehrter
Herr Botschafter,
am 25. November
2006 wurden in Oaxaca am Rande einer Demonstration der APPO 141 Personen willkürlich
verhaftet und in das 1200 km entfernte, in einem anderen Bundesstaat gelegene, Gefängnis
CEFERESO Nr. 4, Noroeste de Tepic verbracht. Darunter befindet sich Herr Felipe
Sanchez Rodriguez. Nach unserem Kenntnisstand wurde er bei der Verhaftung durch
die Polizei misshandelt. Bis heute wurde weder Anklage erhoben, noch gestand
man ihm Rechtsschutz und einen Anwalt zu. Die Familie von Felipe berichtet, er
sei ins Zentrum Oaxacas gefahren, um Bankgeschäfte zu erledigen und wurde anschließend
auf dem Weg zum Busterminal, weitab jeglicher politischer Proteste,
festgenommen.
Herr Felipe
Sanchez Rodriguez ist Leiter des Projekts „Zukunftswerkstatt Oaxaca“, das der
Mexikanisch-Deutsche Kreis in Bayern seit vielen Jahren finanziell unterstützt.
Das Projekt fördert Kinder in den ärmsten Randbezirken der Stadt Oaxaca durch
Vorschulerziehung, Kinderbetreuung und Schulspeisung. Nähere Informationen zum
Projekt finden Sie im Internet unter der Adresse:
http://www.circulo-mexicano.de/doc/projekte_de.html.
Herr Felipe
Sanchez Rodriguez ist uns als ein Mensch mit hohen moralischen
Wertvorstellungen bekannt, der sein Leben selbstlos in den Dienst des genannten
Projektes stellt, das er im Jahre 1993 zusammen mit Swantje Burmester de
Sanchez gegründet hat. Radikale und gewalttätige Neigungen halten wir für
völlig abwegig.
Wir verabscheuen
ebenfalls die Gewalt und den Vandalismus in Oaxaca, gleich welchen „edlen“
Zielen sie auch gewidmet sein mögen. Es betrübt uns sehr, dass radikale Gruppen
diese schöne Stadt mit historischer Bedeutung in das Chaos stürzen, den
Tourismus zum Erliegen bringen und vielen Menschen ihre wirtschaftliche
Lebensgrundlage nehmen. Andererseits können wir in keinster Weise hinnehmen,
dass Teile der staatlichen Gewalt Mexikos anscheinend rechtsstaatliche
Prinzipien und die Allgemeine Erklärung der Menschenrechte der Vereinten
Nationen ignorieren (Von Mexiko am 23. März 1981 ratifiziert, Quelle Wikipedia).
Damit stellt sich die Administration nicht nur auf eine Ebene mit den
Gewalttätern, sondern schadet nachhaltig dem Image unserer Heimat in der Welt.
Deshalb fordern
wir Sie auf, umgehend alles Ihnen mögliche zu unternehmen, dass rechtsstaatlichen
Prinzipien gemäß, Herrn Sanchez die Möglichkeit professioneller Verteidigung
zugebilligt wird, entweder Beweise gegen Ihn vorgebracht und Anklage erhoben
wird, oder er umgehend auf freien Fuß gesetzt wird.
Mit freundlichen
Grüßen
Blanca Juárez de
Bestle
1. Vorsitzende
des Vorstands
Verteiler:
·
Auswärtiges
Amt der Bundesrepublik Deutschland, Herrn Außenminister Frank-Walter Steinmeier,
Fax 030-5000-3402
·
Europäisches
Parlament, Ausschuss für auswärtige Angelegenheiten / Menschenrechte, Herr
Elmar Brock, Fax 0032.2.284 9323
·
Herrn
Honorarkonsul Manfred Scholz, Fax: 089-54883879
·
Freundeskreis
Oaxaca e.V., Würzburg, Fax: 02304/72249
·
Deutsch-Mexikanische
Gesellschaft e.V., Fax: 040 / 51 21 17
·
Amnesty
International Deutschland, Fax: +49 (0)228 / 63 00 36
·
Süddeutsche
Zeitung, Fax: 089/2183-787
·
Frankfurter
Allgemeine Zeitung, Fax: 069 - 7591 – 1743, 069
/ 7591 - 2332
·
Der
Spiegel, Hamburg, Fax: 040/3007-2247
·
TAZ,
die tageszeitung, Berlin, chefred@taz.de
·
Münchener
Merkur, Fax: 089 / 5306-8418
Veröffentlichung auf der Internetseite des
Mexikanisch-Deutschen Kreises in Bayern e.V.